Bienestar y valores: una necesidad de los tiempos actuales en las organizaciones.
A manera de introducción.
Uno de los aspectos de los que hoy más hablan las personas, los medios, artículos e incluso libros, es el aspecto de los valores. Uno de los criterios más comentados en la vida cotidiana es la falta de valores, muchas personas expresan que “en la actualidad hay una gran pérdida de valores”. Por otro lado, las publicaciones señalan que “en las organizaciones para obtener resultados competitivos tienen que trabajar con valores”.
Sin embargo, una de las cosas que poco se cuenta es ¿cómo formar valores? Ese es justamente el objetivo de este trabajo: “analizar a través de un grupo de preguntas cómo es necesario cambiar la mentalidad para poder formar valores en las organizaciones”.
Para tratar de cumplir este objetivo en alguna medida se toma como base material de estudio la realidad cubana pero, a partir de ella se hacen planteamientos que son genéricos para cualquier organización o país.
Hacia el desarrollo del trabajo.
1.- ¿Cuál es la importancia de los valores?
En cualquier plano de análisis el papel de los valores es de vital importancia y esto se puede percibir si sólo se hiciera una pregunta. Si se fuera a caracterizar el mundo actual sólo con una palabra ¿con qué palabra se pudiera hacer tal caracterización?
En un análisis macro, la palabra que identifica al mundo actual es crisis o tal vez se pudiera utilizar otra similar, caos. Pero, tanto crisis como caos son las formas de actuar del mundo actual y como formas de actuar son valores. Sin embargo, se produce algo paradójico. Un valor se define como una forma de actuar que se considera mejor a su opuesto. ¿Y es que acaso a la humanidad le gusta vivir en la crisis o el caos?
¿Qué prefiere la humanidad, vivir en un constante desasosiego o prefiere la tranquilidad, la coherencia, la felicidad? Estas son preguntas que hay que hacerse y siempre la respuesta está en el marco de los valores en que se vive.
Pero, en el mundo actual ¿cuáles son los problemas principales que el mismo se enfrenta? Hace años se hace evidente que se vive o actúa en un mundo de guerras, contaminación ambiental, corrupción, desempleo, violencia, drogadicción, desarrollo de armas masivas, riquezas mal distribuidas, desnutrición, pocas oportunidades educativas, maltrato a ancianos y mujeres, desintegración de familias, desarrollo de megaurbes.
Y la pregunta se repite ¿Es que acaso la humanidad quiere vivir en este constante conflicto?
Es obvio, que este ambiente mundial, ahoga y desespera pero, en él hay que vivir. Entonces ¿cómo resolver estos problemas?
Regularmente, para poder vivir con cierta tranquilidad y certidumbre las personas hacen, ante todo, esfuerzos individuales y de igual forma buscan actuar con el esfuerzo colectivo de las personas que le rodean. Por otro lado, hay esfuerzos dedicados por el trabajo de organizaciones sociales, gobiernos, líderes que son capaces de cambiar los destinos de los pueblos. También buscan nuevos horizontes determinadas comunidades y académicos, así como organizaciones internacionales.
Pero, el eje central para tratar de hacer un mundo mejor tiene que observarse que son “los valores” los que tienen que actuar para buscar soluciones, ya que si prevalecen los valores que socialmente no son aceptados hay que trabajar buscando sus opuestos. Sin embargo, estos no pueden ser cualesquiera valores, tienen que ser valores sanos y sostenibles, para que las personas actúen por la conciencia y no por la compulsión.
Pero, hay una pregunta que puede resultar interesante ¿cuál es la situación de los valores en la Cuba actual?
La respuesta a esta pregunta está en el discurso del Presidente de la República Raúl Castro Ruz el día 7 de Julio de 2013 ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, que en una de sus partes dijo:
“Hemos percibido con dolor, a lo largo de los más de 20 años de período especial, el acrecentado deterioro de valores morales y cívicos como la honestidad, la decencia, la vergüenza, el decoro, la honradez y la sensibilidad ante los problemas de los demás”.
Después de hacer un recuento de los fenómenos negativos más representativos, que van desde ver como normal el robo al Estado, hasta conductas incompatibles en las aulas, pasando por otras como gritar a viva voz en plena calle y el uso indiscriminado de palabras obscenas y chabacanería al hablar, el Presidente cubano dijo:
“Con el concurso del Partido y los organismos del Gobierno, se efectuó un primer levantamiento que arrojó 191 manifestaciones de este tipo –conscientes estamos de que no son las únicas y de que hay muchas más-, separadas en cuatro categorías diferentes: la indisciplina social, las ilegalidades, las contravenciones y los delitos recogidos en el Código Penal”.
Si esto es así en el marco global y nacional ¿cómo cambiar entonces los valores en una organización? Es evidente que las organizaciones son influidas por el entorno global pero, en el plano organizacional si se quiere ir por el buen camino, hay que buscar cambiar los valores de sus líderes. Y contra esto conspira el desconocimiento, lo cotidiano, lo urgente, lo operativo, la no creencia en los valores, el movimiento de cuadros, una política de cuadro no basada en valores, el considerar que los valores son demasiado blancos para incluirse en un planteamiento serio de gestión. Además, los valores sólo se pueden cambiar cuando se cree, que es cuando los valores se viven y entonces los líderes los podrán conectar con la organización y alinearlos.
En tal sentido cabría la pregunta de ¿cuál es la importancia de los valores en todo esto? Los valores son acciones y se acciona con valores, de esta forma los valores son el ADN que identifican a las personas, los grupos, las sociedades y el ser humano en general.
Pero, en esto hay algo de gran importancia, hay que despojarse de las ideas de poder y burocracia. Los valores hay que vivirlos y no sólo declararlos (discurso ≠ acción).
¿Y qué implica un proceso de cambio? Un cambio en la cultura y para ello se requiere un liderazgo con disposición y capacidad de cambio.
Si la organización cuenta con líderes con baja capacidad de cambio y baja disposición al cambio, es obvio que esa es una organización donde los grupos de trabajadores verán que su empresa es impotente, por la incapacidad de sus cuadros.
Por otro lado, si hay baja capacidad pero, alta disposición al cambio, en este caso la organización será una organización con grupos frustrados, porque sus líderes no tienen destrezas algunas para llevar a cabo un cambio.
Una tercera opción, puede observarse en aquellas organizaciones donde los líderes tienen alta capacidad pero, baja disposición a cambiar. En este caso se puede decir que la empresa tiene grupos arrogantes, porque sus líderes se han vuelto miopes por éxitos anteriores.
Luego, la única opción posible para que se produzca un cambio en las organizaciones es cuando cuentan con líderes con capacidad y disposición al cambio y esto hará que al organización sea adaptable, porque tiene líderes conectados con el cambio.
Si las variables presentadas de disposición y capacidad de cambio, se llevan a una matriz puede dar una relación importante. Véase la figura nº 1.
Figura Nº1. Relación entre disposición y capacidad de cambio
|
Alto
|
|
Bajo
|
|
DISPOSICIÓN AL CAMBIO
|
|
Grupo frustrado (líderes sin destrezas
|
|
Grupo impotente (líderes incapaces
|
|
Logro combinado con ganancia mutua
|
|
Grupo arrogante (líderes miopes por éxitos anteriores)
|
Fuente: elaboración propia
2.- Y, ¿cómo operan los valores?
Los valores están asociados directamente a los resultados y ellos están muy ligados directamente a las creencias que tengan las personas, los grupos o las organizaciones.
Creencias y valores son prácticamente hermanos siameses. Las creencias se pueden ver como las estructuras de pensamiento que nos formamos y los valores como las formas de actuar que practicamos que consideramos mejor a su opuesto.
Una vez definida la forma de actuar estas hay que operacionalizarlas y para ello se siguen determinadas normas o reglas de actuación, que derivan un actitud y con ello una conducta dirigida a alcanzar los resultados.
De esta forma, se puede decir que las creencias son el soporte de los resultados y a ellos se llegan a través de los valores, las normas, las actitudes y las conductas. Pero, una vez logrados los resultados, es necesario que estos se comparen con la que la experiencia lograda y tal comparación reafirmará o no las creencias.
3.- Entonces, ¿cuál es el valor de los valores?
Una forma de entender de manera fácil los valores, es asociándolos a aquellas formas de actuar, que son preferibles a sus opuestos. Es decir, si a una persona le gusta tener buena apariencia de su figura, ya sea en el vestir, peinarse, etc., se dice que es una persona que actúa de manera presumida.
Esta forma de actuar es opuesta a la de otra persona, que es descuidada o no se ocupa de su imagen, que su concepto de la estética es bien diferente y por tanto se puede decir que no es presumido.
Al ser humano por lo regular le resulta difícil descubrir cuál es su forma de actuar. Lo cotidiano no le permite descubrir cuál es la diversidad de valores que posee, que practica sistemáticamente, y en qué medida los tiene consolidados o no.
Sin embargo, una persona no puede lograr un verdadero cambio en su conducta si no es consciente de su forma de actuar y busca hacer un cambio significativo de su escala de valores.
La dinámica del mundo actual lleva a la necesidad de ver el futuro bajo un nuevo paradigma. Hoy no se puede ver el futuro como una simple continuidad del pasado o como algo que es impredecible. Hoy la celeridad de los cambios es tal que el futuro hay que predecirlo y buscar asaltarlo, hay que crearlo, hay que sorprenderlo antes de que el futuro sea el que nos sorprenda.
Pero, para sorprender al futuro hay que actuar y esa actuación requiere un cambio significativo de las formas de hacer, de manera de estar preparados ante los desafíos que ese futuro impone.
Esto no niega que en el día a día la jerarquía de valores se vaya actualizando de acuerdo a la época y a aquellos que nos toca vivir. Si hoy cualquier persona se retrotrae en el tiempo 10 o 15 años, puede darse cuenta cómo la jerarquía de valores sociales ha cambiado y cómo su significado se ha ido actualizando en función de la época que le ha tocado vivir.
Vivir en armonía con los valores de la época es de gran importancia para desarrollar en el orden personal los valores esenciales que permitan sorprender el futuro ante de que el futuro sea el que dé la sorpresa.
En el mundo moderno dos factores que se han vuelto dominantes o focos delirantes en las organizaciones se pueden asociar a las categorías: objetivos (resultados) y productividad.
La fuerza que los directivos hacen por alcanzar sus metas con alta productividad, muchas veces margina otras situaciones no menos importantes. En este sentido ocurre una gran paradoja, por un lado no se tiene en cuenta el por qué la gente trabaja, cuál es su finalidad y significado, mientras en contraposición sí se valora que el beneficio y el poder son el fin supremo que justifica cualquier medio.
Con situaciones de este tipo y otras parecidas, hoy no sólo se mata a las personas con armas, sino también con aspectos psicológicos como el temor y la exigencia de esfuerzos sobrehumanos.
Bajo esta óptica se pudiera hacer la pregunta siguiente: ¿cuál es el sentido de esta forma de actuar? La respuesta es sencilla, el bienestar organizativo o sea, el buen estado en que queda la organización desde el punto de vista de su salud financiera.
Pero, otra pregunta válida sería y ¿qué queda fuera o excluido de este bienestar organizativo? Otra respuesta sencilla, el bienestar individual. Es decir, el buen estado de las personas o colectivos, que está asociado a la calidad de vida de las personas y que generan tranquilidad y satisfacción.
¿Y es que estas variables de bienestar organizativo vs bienestar individual son excluyentes? Si se observa desde la óptica directiva, puede ser que bajo el reflejo de la eficiencia y la productividad quede opacado el bienestar individual. Pero, por otro lado, bajo la óptica del trabajador el bienestar organizativo puede ser el que quede opacado.
Sin embargo, otra pregunta que puede resultar válida es cuestionarse ¿cuáles pueden ser las ópticas que pueden derivarse de una conjunción de ambas variables y cuál es la mejor?
Si se llevan estas variables a una matriz, se puede ganar en claridad observando su fusión en las dimensiones de valores altos y bajos. Véase la figura siguiente:
Figura Nº2. Relación entre el bienestar organizativo y el individual
|
Alto
|
|
Bajo
|
|
BIENESTAR ORGANIZATIVO
|
|
Logro individual con pérdida organizativa
|
|
Fracaso rotundo con pérdida mutua
|
|
Logro combinado con ganancia mutua
|
|
Logro organizativo con pérdida personal
|
Fuente: elaboración propia
Poco se habla en los libros de dirección sobre la categoría “bienestar” y se hace evidente que esta categoría es importante tenerla en cuenta en el ámbito directivo para compatibilizar o equilibrar tanto la salud financiera de la organización como la calidad de vida de los trabajadores.
Si se analiza en la gráfica la conjugación tanto del bienestar organizativo como individual se observará que, sólo cuando se combinan ambos bienestares es que existe ganancia para ambas partes. Cualquier otra combinación implica un sentido de pérdida que afecta la salud de ambas partes.
¿Qué hacer entonces para mejorar la salud mutua en las organizaciones? Si sobre esto no se piensa, no se habla y no se tiene en cuenta es por un solo motivo, no existe una cultura del bienestar. Por lo que se puede afirmar sin lugar a dudas que si se llega a pensar en esto, hablar de esto y a tenerlo en cuenta, el camino a seguir es uno solo, el crear una cultura del bienestar.
Para crear una cultura del bienestar hay que actuar y esa actuación es a través de las creencias y valores, que no son más que las estructuras de pensamientos que definen formas de actuar bajo ciertas reglas, que se valoran positivamente y derivan una conducta para alcanzar los resultados que se esperan: un bienestar organizativo e individual equilibrados.
En tal sentido, crear una cultura de beneficio óptimo para las organizaciones y los individuos requiere conocer sobre los valores que se debe trabajar.
4.- ¿Cuáles son los principales objetivos del trabajo directivo en cualquier organización?
Es obvio que todas las organizaciones para lograr el éxito trabajan por lograr en la dirección de tres valores económicos claves que definen sus resultados: eficiencia, eficacia y efectividad. Pero, esta situación deriva otra interrogante. ¿Y ese debe ser el fin supremo de toda organización?
Para alcanzar esos resultados a las organizaciones les es necesario contar con una buena planificación, una organización adecuada de sus recursos, trabajar por encontrar tales resultados y para ello le hace falta una exigencia hacia el trabajo, que cada cual cumpla con sus obligaciones, para lograr una alta productividad. Finalmente, le es necesario controlar.
Pero, en esta forma de trabajar ¿qué queda fuera? Quedan fuera: el bienestar, la prosperidad, la satisfacción y la armonía.
Sucede entonces que, con estas últimas variables fuera de los procesos centrales de la organización se derivan consecuencias como: bajo interés por el trabajo, bajo sentido de pertinencia, baja solidaridad y alto egoísmo. De igual forma son consecuencias directas de la no consideración del bienestar para los que trabajan en las organizaciones aspectos como: baja cooperación, bajo el compromiso, bajo el respeto al trabajo y a los jefes, así como se produce un aumento significativo del individualismo.
Como se hace evidente, los valores no son tan ingenuos ni blandos como a veces se cree, los valores son acciones y están presentes en todos los actos de la vida y se reflejan en los resultados de cualquier esfera: económica, tecnológica, política y social.
Por ello, se hace necesario pensar en ellos y sacar sus propias conclusiones. Vale la pena.
5.- ¿Cómo cambiar para crear una cultura de bienestar?
Es obvio que esto es una situación bien difícil. Resolver esto requiere cambiar la mentalidad y esto no es posible si se tiene la misma mentalidad o los mismos pensamientos con los cuales se crearon las situaciones que requieren ser cambiadas.
Precisamente, para cambiar la mentalidad lo primero que hay que hacer es cuestionar las experiencias. Las experiencias pueden haber respondido a un momento histórico pero, precisamente al definir el concepto de Revolución Fidel Castro expresaba que “Revolución es sentido del momento histórico” y el momento histórico actual de Cuba está lejos del momento histórico en que se formaron las experiencias.
La revolución cubana ha transitado por diferentes momentos históricos y en cada uno la mentalidad ha tenido que cambiar. No fue el mismo momento la etapa comprendida entre 1959 y 1967, ni la de 1967 a 1976. Tampoco fue el mismo momento de 1976 a 1990, ni la de 1990 al 2010, como el momento que se está viviendo en Cuba desde el 2010.
Cada momento marcó un hito y en cada uno de ellos se logró cambiar la mentalidad, ajustándola a la situación particular pero, creando una experiencia con carácter acumulativo que hoy ponen en evidencia ciertas deformaciones y el giro tiene que ser prácticamente de 180º. Obvio, produciendo ciertos cambios que sobrevienen, quitando ciertas barreras pero, sin correr porque la prisa puede dañar los cimientos y las estructuras.
Este proceso no es nada fácil porque se ha creado una cultura muy arraigada, donde hoy no se hacen evidentes los errores y por tanto no hay cuestionamientos a las experiencias. Se ha creado una cultura de triunfos y esto distorsiona el detalle de las experiencias. De hecho, justificar detalles sirve como una resistencia natural al cambio y justamente el cambio está en los detalles.
Tal cultura de triunfos ha llevado a buscar resultados a toda costa y a todo costo y con ello se ha marginado, entre otros, la cultura económica, del mejoramiento y de la innovación. Si se considera que los resultados son buenos ¿para qué cambiar? Nadie cambia cuando considera que lo que está haciendo lo está haciendo bien y cuando considera que ello le da una aureola que refleja status y protagonismo.
Pero, esta situación crea otra paradoja, la de la cultura de los resultados pero, a costa de la cultura económica, el mejoramiento y la innovación. Es decir, la paradoja de la cultura de los resultados pero, a costa de la cultura del pensar si se hace lo correcto, correctamente. Y este factor expandido de manera repetida crea “paradigmas”, difíciles de destruir porque está en la forma natural de pensar y sobre todo de actuar. Más cuando el modelo está muy verticalizado y endiosa a los directivos, que son personas tan naturales como cualquier otra.
6.- ¿Cómo avanzar entonces a una cultura de bienestar?
Es obvio que en un análisis crítico de la situación actual, en que es necesario un cambio de mentalidad, hay muchos resultados positivos que se han alcanzado en Cuba: la cantidad de médicos y maestros que se han logrado es impresionante y los servicios que en estos campos se prestan tanto nacional como internacionalmente; los logros deportivos que Cuba ha alcanzado superan a cualquier otro país de América Latina en relación a la población que tiene; debe señalarse por igual el nivel de conciencia alcanzado desde el punto de vista de la solidaridad y el internacionalismo. Además, bajo la tradicional cultura machista existente en la población cubana es increíble el avance logrado en la incorporación y la participación en la vida social de la mujer y en la lucha contra la homofobia. Muchos otros avances se pudieran enumerar, todos ellos muestras de beneficios organizacional e individual.
Sin embargo, el factor principal es que actualmente se requiere de un cambio de mentalidad. Para esto hay que cambiarse de acera y mirar desde la acera del frente y esta nueva mirada dice que los factores de tipo económico han quedado muy relegados. Si se mira la producción y su estructura cabria la pregunta ¿Cuánto y qué se produce?, ¿a qué costo, con qué productividad?, ¿cómo se satisfacen las necesidades de la población?
Es evidente que en este lado de la acera los resultados no son los mejores y al igual muchos otros se pudieran enumerar. Luego para avanzar en el cambio de mentalidad una de las primeras cosas que hay que hacer es tener nuevas miradas, cambiar de acera y pensar qué se está haciendo mal, cómo mejorarlo y cómo pensar en nuevas cosas.
Para esto hay que ser críticos y no conformarse con nada de lo que se está haciendo. Por muy bien que lo vea, seguro está mal, cambie la óptica, póngase en otra posición. No piense desde el poder, piense desde el lado de aquel que tiene que recibir el beneficio de lo que usted hace. En resumen, cambie sus haceres.
En ese cambio de haceres hay que cambiar la mentalidad burocrática, que se ha arraigado tanto que llega a deformarse y convertirse en burocratismo. No se puede tratar de regular todo, no se puede tratar de decirle a las personas lo que deben hacer, dígale los resultados que son necesarios alcanzar y déjele el cómo hacerlo, no piense que la responsabilidad es sólo suya, ni tenga miedo que lo cambien por no cumplir las ordenanzas. Es necesario despojarse del poder y ser un poco más humilde.
Unas palabras que son pertinentes en este momento las expresó el Comandante Supremo Hugo Rafael Chávez Frías cuando el 28 de marzo del 2011, en un encuentro con la Dirección Nacional y los Equipos Estadales del PSUV en el Hotel Alba Caracas expresó:
“Estamos aquí para obedecer, estamos aquí para que el pueblo nos mande, nos interpele, nos regañe, nos oriente, nos critique porque el pueblo es el dueño originario del poder, si nosotros nos convertimos en simples representantes del pueblo y entonces nos asumimos como el poder, si eso llegara a ocurrir entonces estaríamos en presencia de la verdadera y profunda corrupción política, …”
Estas palabras más que todo son una magnífica idea para reflexionar y sacar conclusiones sobre el porqué el cambio de mentalidad es inminente y cómo iniciar ese cambio de mentalidad.
En otras oportunidades se ha dicho que es necesario el cambio de haceres pero, cambiar los haceres es igual a cambiar los valores. Si se parte del concepto de que los valores son formas de actuar que son mejor valoradas que su opuesto, se hace evidente que para cambiar la mentalidad hay que cambiar los valores.
Pero, los valores que son considerados mejores a su opuesto son formados porque se tiene la oportunidad de actuar con ellos primero. Si Cuba es hoy un país solidario e internacionalista es porque primero tuvo la oportunidad de poner en práctica la solidaridad y el intenacionalismo con lo que tiene. Después que la practicó la incorporó a sus estructuras de pensamiento, a sus creencias, a sus haceres.
Por tanto, en la búsqueda de cómo cambiar hacia la mentalidad del bienestar hay que pensar que las personas piensan como viven y no precisamente viven como piensan. De esta forma se logrará cambiar la mentalidad si se cambian las condiciones en correspondencia al cambio que se quiere lograr.
Mientras haya centralización, mientras haya una desmedida burocracia diciendo todo lo que desde el poder se cree se debe hacer pues, obviamente, la mentalidad no cambiará, ya que todo está regulado y ata de manos y mentalmente, frena la creatividad y potencia la pasividad.
Y ya se expresó que la burocracia es necesaria, siempre que esta no se convierta en el paradigma, mientras que como decía el Ché el cuadro haya alcanzado el suficiente desarrollo para interpretar las políticas del poder central, “hacerlas suyas y trasmitirla como orientación a la masa, percibiendo además las manifestaciones que ésta haga de sus deseos y sus motivaciones más íntimas”.
No es eliminar la burocracia, ella es necesaria en determinados aspectos, es saber cómo y cuándo es necesaria su instrumentación, saberla instrumentar y dar un margen para ajustarla a la realidad y por tanto cambiando las exigencias en virtud de los resultados.
Bajo, esta óptica de cambiar los haceres o lo que es lo mismo, cambiar los valores, con ello se podrán adecuar las normas, modificar las actitudes y las conductas, lo que permitirá evaluar los resultados y evaluar las experiencias, que serán las que dirán si se reafirman los haceres o es necesario modificarlos por nuevos valores. La situación no es evaluar a la gente, sino los resultados y en virtud de ello ajustar los haceres.
En otro orden de cosas, para avanzar al cambio de mentalidad hay que descentralizar la autoridad y dar autonomía para actuar, para hacer. Mientras que las decisiones estén centralizadas y no se empodere a los niveles inferiores, las personas no asumirán la responsabilidad que necesitan.
Los diferentes niveles de dirección deben dar las orientaciones de lo que se quiere alcanzar pero, no decir el cómo. Hay que empoderar para que cada cual asuma su grado de responsabilidad. El cambio de mentalidad no puede ser una consigna, sino una práctica y para que sea una práctica hay que empoderar, de manera que se pueda hacer y con ello construir la obra que se quiere.
Sin embargo, empoderar, no es abdicar. Las líneas de actuación hay que orientarlas y dejar hacer pero, en ese hacer hay que coordinar y supervisar, si es necesario. No obstante, aunque supervisar implica controlar, tal control no puede convertirse en “el control”. Hoy en día el control es más importante que el hacer la tarea, eso no es cambiar la mentalidad sino una deformación del control. Hay que cambiar de manera controlada pero, establecer primero el control para después cambiar, así no se cambia.
Se puede decir, además, que el cambio de mentalidad no es posible si no se tiene la capacidad para soñar, para visionar el futuro, para imaginarse un futuro de bienestar y buscar sorprenderlo antes de que el futuro nos sorprenda. Para ello la mentalidad tiene que ser abierta y tal cambio de mentalidad sólo servirá cuando la misma se abra y la misma se abrirá cuando se cambien las conductas.
En resumen, cambiar la mentalidad por una mentalidad de bienestar es tomar una decisión, emprender una forma de vida diferente, pensar de una manera diferente. Es, por igual, trabajar por emprendimientos empresariales, científicos, culturales, deportivos, políticos, sociales y hasta espirituales.
Cambiar de mentalidad es trabajar por el bienestar y para ello hay que identificar las oportunidades. Es ir contra las faltas de visión, orientación, confianza, motivaciones, tiempo y creatividad. Es ver los problemas como una oportunidad, visualizar el miedo como un desafío y entender que las barreras sólo existen en la mente.
En fin, cambiar la mentalidad es asumir una filosofía de vida y transformar todo positivamente y para ello hay que estar dispuesto a emprender pero, para emprender uno debe creer y ante todo creer en sí mismo.
7.- ¿Qué es el socialismo próspero y sustentable?
Un último tema para debate está en la interrogante planteada, ¿qué es el socialismo próspero y sustentable? Esta definición aparece en el capítulo 1 del Nuevo Modelo Económico y Social, aquí aparecen criterios como los siguientes:
Una sociedad socialista próspera y sostenible podrá alcanzarse a partir de:
- Una profunda conciencia revolucionaria
- Sentido del deber
- Trabajar con eficiencia y eficacia
- Participación de los trabajadores
- Alta motivación
- Ahorro de recursos
- Aplicación de la ciencia, la tecnología y la innovación
En esta definición aparece de nuevo el lado importante de la productividad y no queda muy evidenciado el beneficio. En el siguiente párrafo se expresa:
“El incremento sostenible de la producción y la riqueza es premisa material imprescindible para elevar gradualmente el nivel y calidad de vida, la realización plena del ser humano y sus proyectos individuales, familiares y colectivos, mediante una justa y equitativa distribución de la riqueza, avanzando en la erradicación de desigualdades ilegítimas”.
Con estos criterios vuelve a resurgir la idea de la que productividad antecede al beneficio y esto lleva a la disyuntiva: ¿qué es primero el huevo (beneficio) o la gallina (productividad).
En este sentido es necesario reflexionar que para que el socialismo sea próspero y sustentable a nivel social, primero que todo tiene que ser próspero y sustentable a nivel individual, a nivel de la persona. A la vez que la persona sea próspera y sustentable el socialismo tenderá a ser próspero y sustentable.
En el método de Marx está el análisis de lo general a lo particular pero, lo general se construye a partir de lo particular. Es lo particular lo que expresa la posibilidad de construir lo general.
Un debate establecido al respecto, a la interrogante de qué es lo primero, si el huevo o la gallina, después de diferentes criterios al parecer el de mayor consenso fue que “es necesario primero engordar a la gallina para que esta pueda dar más huevos. La conclusión es evidente. No obstante, otro criterio conclusivo son las palabras de José Martí en el año 1884, en su trabajo “Maestros ambulantes”, ahí expresó:
“Ser bueno es el único modo de ser dichoso”
“Ser culto es el único modo de ser libres”
“Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno”
El debate sobre este tema ha continuado y fue abordado en la discusión del Proyecto de constitución, donde el Secretario de Consejo de Estado, Homero Acosta expresó:
“Además, se mantiene el papel de PCC y se incorpora su carácter democrático en relación directa con nuestro pueblo; y se habla del concepto de prosperidad individual y colectiva, que no es un término abstracto si pretendemos un socialismo próspero”.
Hablando de las riquezas explicó: “que el problema tiene que ver cómo se incorpora a un texto constitucional, porque no se puede proscribir la riqueza, lo cual se vincula con la prosperidad individual y colectiva”.
Se concluye este punto con criterios dados en el Proyecto de Constitución de la República de Cuba, que expresa:
Artículo 1. Hace referencia a “el disfrute del bienestar y la prosperidad individual y colectiva.
Artículo 13. Párrafo 56, plantea:
e) promover un desarrollo sostenible que asegure la prosperidad individual y colectiva y trabajar por alcanzar mayores niveles de equidad y justicia social, así como preservar y multiplicar los logros alcanzados por la Revolución.
¿Qué conclusiones se pudieran sacar?
Una vez que se llega a este punto, donde se ha leído todo el trabajo, es posible darse cuenta que se tocan muchos aspectos, donde algunos pueden llegar a ser neurálgicos. El tal sentido muchas pudieran ser las conclusiones que se pudieran sacar. A manera de resumen se reflejaran algunas:
- El mundo actual se caracteriza por una constante crisis que ahoga y desespera, por lo que requiere buscar soluciones y el eje central de dichas soluciones son los valores. Pero, no pueden ser cualesquiera valores, tienen que ser valores sanos y sostenibles.
- Cuba y muchos otros países no son ajenos a esta situación y en tal sentido tienen que buscar cambiar los valores de las personas que tienen cargos directivos. Es necesario que se reconozca que los valores son el ADN que identifican a las personas, los grupos y las sociedades. Creencias y valores son hermanas siameses y son el soporte de los resultados que se alcancen.
- Una persona no cambia su conducta si no cambia sus formas de actuar y esto lo necesita para vivir en armonía con su época. Pero, la época actual es de resultados y productividad, por lo que hoy no sólo se mata con armas, sino también con temores y exigencias sobrehumanas.
Hay que crear una cultura de bienestar, cosa de la que poco se habla en los libros, y para ello es necesario transitar por el camino de las creencias y valores.
- Crear una cultura de bienestar requiere de un cambio de mentalidad y un cuestionamiento a las experiencias para modificar la cultura de triunfos creada, que distorsionan las experiencias y atenta contra la cultura económica, de mejoramiento y de innovación.
- En virtud de modificar los resultados, hay que ser crítico y no pensar desde el poder y para ello hay que cambiar los haceres, las formas de actuar, los valores. Hay que romper con toda mentalidad burocrática.
- Para crear una cultura de bienestar hay que tener claro que las personas no viven como piensan, sino que piensan como viven. Luego la cultura de bienestar hay que crearla trabajando y logrando bienestar como resultado. Hay que reconocer la importancia del bienestar y trabajar por alcanzarlo, hay que hablar de esto y tenerlo en cuenta, sólo así se llegará a tener el bienestar que la gente necesita. Hay que soñar y visionar el bienestar pero, un bienestar que sea sostenible y próspero.
- Cambiar la mentalidad es asumir una filosofía de vida y transformar todo positivamente y para ello hay que estar dispuesto a emprender pero, para emprender uno debe creer y ante todo creer en sí mismo.
- Para que el socialismo sea próspero y sustentable como sistema social, tiene, ante todo, que ser próspero y sustentable en lo individual, lo particular.
Tal vez buscando cierta analogía con una cultura de cambio de mentalidad del bienestar fuera interesante considerar la interpretación del Buen Vivir que se da en el Plan Nacional del Buen Vivir de la República del Ecuador como Plan Nacional de Desarrollo, al respecto se expresa:
“Sabiendo que la definición del Buen Vivir implica estar conscientes de un concepto complejo, vivo, no lineal, históricamente construido y que por lo tanto estará en constante re significación, podemos aventurarnos a sintetizar qué entendemos por Buen Vivir: «la satisfacción de las necesidades, la consecución de una calidad de vida y muerte dignas, el amar y ser amado, y el florecimiento saludable de todos y todas, en paz y armonía con la naturaleza y la prolongación indefinida de las culturas humanas.
El Buen Vivir supone tener tiempo libre para la contemplación y la emancipación, y que las libertades, oportunidades, capacidades y potencialidades reales de los individuos se amplíen y florezcan de modo que permitan lograr simultáneamente aquello que la sociedad, los territorios, las diversas identidades colectivas y cada uno —visto como un ser humano universal y particular a la vez— valora como objetivo de vida deseable (tanto material como subjetivamente, y sin producir ningún tipo de dominación a un otro). Nuestro concepto de Buen Vivir nos obliga a reconstruir lo público para reconocernos, comprendernos y valorarnos unos a otros— entre diversos pero iguales— a fin de que prospere la posibilidad de reciprocidad y mutuo reconocimiento, y con ello posibilitar la autorrealización y la construcción de un porvenir social compartido» (Ramírez; 2008: 387).
No hay nada más claro y evidente que esta definición para darse cuenta de la necesidad de cambiar los haceres, las formas de actuar, en resumen, los valores y buscar un nuevo camino, el camino del bienestar.
Pero, deben considerarse por igual los criterios dados por otro gran presidente, José Mujica, que en el Encuentro Sindical Nuestra América, el 4 de mayo de 2014 dijo:
“Largo, sacrificado, lleno de emboscadas, por momentos con cruces contradictorios, ha sido el camino tras un horizonte socialista en que varias generaciones sacrificaron sus sueños. Creíamos hace tiempo que era cosa de cambiar las relaciones de producción y de distribución, pero con dolor, tuvimos que entender que aparte de la propiedad está la gestión y esta es una reserva sutil del poder capitalista.
Es decir, que el cambio está por igual en comprender las reservas estratégicas que existen la gestión y sobre la cual hay que investigar e innovar. Sin embargo, en este campo de la gestión hay que considerar las palabras del Secretario General de Partido Comunista de Vietnam, que en marzo de 2018, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, expresó:
“Somos conscientes de que la economía de mercado es el resultado de la civilización humana, con lo que se puede coexistir y adaptarse con las diferentes modalidades sociales. La economía de mercado en sí misma no podía derivar en socialismo, pero para construir con éxito el socialismo es necesario desarrollar la economía de mercado de manera adecuada y correcta. Esto en concordancia con el objetivo de lograr la independencia nacional y el socialismo adecuados a las condiciones concretas de cada país”.
Con ello expresa que aunque el socialismo es una forma de sociedad, no puede olvidarse que es la continuidad del capitalismo, como este último fue la continuidad de la sociedad feudal. Determinadas categorías aún hay que respetarlas y entre ellas la economía de mercado como forma de distribución de las riquezas y el bienestar.
Finalmente, se retoma de nuevo a José Mújica que, la cumbre del G77, el 15 de julio de 2015 dijo:
“Otra humanidad es posible pero, con otros valores” Más adelante expresó: “Si no cambia la cultura, no cambia nada”.
Los temas que se han tratado pueden llevar a un debate, sobre todo si se es consciente de que los mismos requieren mayor amplitud. Pero, esto no es un libro, sino sólo un artículo y se hizo con la idea de provocar la reflexión, de provocar un debate entre los que lean este trabajo y discutan los pro y los contra, así como que analicen estás líneas sobre la base de la realidad que les toca enfrentar en el día a día y de su experiencia personal junto a su equipo directivo.
BIBLIOGRAFIA CONSULTADA:
- Castro Ruz, Fidel (2000). Discurso por el 1º de Mayo en la Plaza de la Revolución. Publicado por el periódico Granma el de mayor de 2000. Cuba.
- Castro Ruz, Raúl (2013) Discurso ante la Asamblea Nacional de Cuba el 7 de Julio de 2013. Publicado en Periódico Granma 8 de Julio de 2013. Cuba.
- Chávez Frías, Hugo R.
- Díaz Llorca, Carlos B. (2010) Hacia una estrategia de valores en las organizaciones. Fondo Editorial del Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria. Venezuela.
- _________________ (2010) Cómo utilizar una estrategia de valores en las organizaciones. El lado oculto de los equipos directivos. Fondo Editorial del Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria. Venezuela.
- _________________ Lo que todo empresario cubano debe conocer. (2000) Editorial Ciencias Sociales. Cuba.
- _________________ (2011) Material de apoyo preparado para curso sobre Métodos y Estilos de Dirección.
- Ecuador, República de. (2010) Plan Nacional de Desarrollo. Plan Nacional para el Buen Vivir 2009 – 2013. Ecuador.
- Gasalla, José María y Navarro, Leila. (2007) Confianza. Ediciones Urano S.A. Barcelona. España.
- Gasalla, José María. (2010) La nueva dirección de personas. La Dirección por Confianza. Ediciones Pirámides. 12ª edición. Madrid. España.
- Guevara, Ernesto “Ché”. (1970) El cuadro, columna vertebral de la revolución. Obras 1957-1967. Tomo II. Casa de las Américas.
- ____________________ (2006) Contra el burocratismo. Universidad Bolivariana de Venezuela. Venezuela.