EL OJO CRÍTICO 06. BUENAS PRÁCTICAS
“El ojo crítico” vuelve hoy con otra mirada a situaciones presentes en el mundo de los emprendedores. La mirada regresa hoy de nuevo no tanto con una mirada hacia lo que no debe hacer sino a lo que debe tener en cuenta y no suele hacerse, verse o analizarse con determinada frecuencia.
Siguiendo la ruta de que “El ojo crítico” piensa y actúa como un servidor público y plantea situaciones sobre las cuales se deben reflexionar y en algunos casos se deben tener en cuenta, la mirada hoy es hacia lo que se llama “el valor de una empresa”.
Cuando un emprendedor crea un emprendimiento, ese emprendimiento es una empresa, ajeno a que no exista aún una “Ley de empresas” que las distinga. En ese acto de creación, donde se invita a toda la familia y a lo mejor hasta el cura del pueblo, el emprendedor materializa una inversión que ha requerido de determinados recursos materiales, humanos y sobre todo financieros.
Ese capital financiero es el capital inicial y con ese capital quiere que el mismo se incremente a partir de los resultados de su trabajo. Pero, esto no es tan fácil, para ello debe realizar una buena gestión y esto depende de una buena lógica a emprender.
Tiene que darse cuenta que la única forma de aumentar su capital inicial es a través de los clientes, los clientes son los únicos que pueden aumentar el capital y a ellos, por tanto, hay que hacerles una buena proposición de valor, algo que ellos necesiten y que sea diferenciador. Con esto pueden mantener clientes fidelizados que atraigan a nuevos clientes. Por otro lado, esa proposición de valor tiene que fundamentarse en procesos de trabajo que creen el valor que los clientes necesitan. Y la única forma de crear valor es teniendo trabajadores idóneos que sean estratégicamente seleccionados y a los cuales se les cree mentalidad de “mariscal de campo”, o sea trabajadores con pensamiento estratégico que miren y sientan más allá de lo que hacen.
Estas ideas y esta lógica nos dice que el valor real de un emprendimiento o empresa es superior a su capital financiero, que es el que aparece en los libros de contabilidad. El valor de un emprendimiento debe considerar también, el valor de sus intangibles. Es decir su capital intelectual, que es el conocimiento útil que da valor a los activos y cada vez lo hace más importante.
Este capital intelectual incluyeel capital humano y el capital estructural, formado por vínculos y relaciones creadas. Donde en esas relaciones está el capital de los clientes (la imagen que tienen los clientes del negocio) y el capital organizativo (los procesos internos y capacidades). Finalmente, este capital organizativo considera el capital de la innovación, dado por el desarrollo de la creatividad, y el capital de proceso, dado por sistemas de trabajo amables (no burocráticos).
Con esta visión de gestión se puede interpretar de que un emprendedor no puede ser simplemente un “busca plata” que no agrega valor al emprendimiento. Se puede decir que “un proxeneta” no es un emprendedor. El objetivo de un buen emprendedor no puede ser maximizar el beneficio, sino aumentar el valor de la empresa.
El principal requerimiento o desafío de un emprendimiento es poder contar con un gran emprendedor, que asuma a conciencia su condición, que tenga espíritu empresario. Esto implica comprender que toda empresa conlleva riesgos y que hay que enfrentarlos. ¿Entonces?
17 de noviembre de 2019